martes, 2 de junio de 2015

When they strike...

Las canciones que todos oyen y nadie escucha... o sí. Tachado de plano y vacío pero es un género que a veces puede llegar bastante profundo.

Todo depende del punto de vista... La magia de la música.




[...] When we touch, you inspire
Feel the change in me tonight [...]

[...] We can dance in desire
Or we can burn in love tonight [...]

[...] Our hearts are like firestones
And when they strike, we feel the love [...]

 [...] We light up the world [...]

martes, 12 de mayo de 2015

Carta a quien nunca la leerá

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Querido no lector:


Si, querido. A pesar de todo, hay algo dentro de mí que me obliga a que lo sea. 

No dirán que no intenté evitarlo, no dirán que no me resistí antes de dejarme llevar por la química, la pasión, la chispa, la aventura, la diversión.

Incluso al dejarse llevar uno no pretende ir más allá de las noches compartidas. Hasta que se convierten en días, semanas, meses...

La química se convierte en pura reacción efervescente, la chispa en fuego, la aventura en odisea y la diversión en parque de atracciones... La pasión en imprescindible costumbre.

No sabe ni siquiera que me dirijo a usted así que, se supone, da igual lo que le escriba, ¿cierto?.

(De ninguna manera.)

Precisamente lo escribo por usted pero ¿por qué es tan difícil hablarle? ¿por qué es tan difícil ser totalmente honesto en este mundo?

(Cuando lo eres te hacen daño. Nunca suele ser poco daño.)

Apenas me atrevo a decirlo aquí, es fuerte el miedo.

Parece que usted ha activado sin querer, quizás, una parte de mí que me asusta. Me asusta por ser la mejor y la peor.

No se da cuenta de cuánto alcance tienen sus acciones, de lo que puede inquietar a alguien el hecho de sentir lo más mínimo cuando se negaba a ello.

Obviamente, cada forma de sentir es única, no se puede comparar entre personas. Ni siquiera se puede comparar en la misma persona entre dos temporadas distintas de su vida. 



Ni siquiera ahora es tan fuerte como entonces, es leve como el principio de aquellos tiempos.

(Esa comparativa es la que lo hace la peor parte de mí.)

Sin duda, la habilidad para hacerme sentir bien a pesar de los trastornos mentales y choques de caracteres es crucial para que sonría cada día al recordar el anterior.

(Ese bienestar es lo que lo hace la mejor parte de mí.)



Aun así, todo puede doler: las horas, los días... me disloca el paso del tiempo si pienso que sólo me importa a mí esa pequeña distancia que no termina de anularse. 

Me libera cuando se anula. 

Me desgasta el pensamiento de ser la única que piensa.


Sé que usted nunca me escribirá una carta.
(No leerá ni esta...)

Nunca cantará ni mandará que canten serenatas bajo mi balcón.
(Me puede contar un cuento.)

No sabrá realmente mis temores.
(Aunque se los contaré casi todos en mis cartas sin destinatario.)


Pero permítame pedirle que se quede, no sé por cuánto tiempo... pero quédese un poco más


Hasta que me quede dormida.


Con cariño:
..-.

sábado, 2 de mayo de 2015

Cultura express

Todo el mundo se ha cruzado con gente charlatana. Gente a la que todos evitan para que no les robe parte de su preciado tiempo.

Pero casi nadie se para a escuchar atentamente lo que dicen esas personas ya que son, a veces, cargantes y es difícil hacer que dejen de hablar y contarte mil historias que no te interesan.

Pero entre todos los charlatanes anónimos del mundo, puede que me incluya aunque sea indirectamente, el otro día encontré a uno especial en una papelería (si, la tienda donde se compran todos los materiales escolares extraños que los profesores piden a los alumnos, excepto papel).

Era un señor mayor, diría que rondaba los 70-80, se me da mal asignar edades adivinando. Lo que sé es que tenía todo el pelo blanco, un jersey de punto antiguo y un acento sudamericano encantador. Según estuvo contando, había vivido muchos de sus años en Sudamérica (concretamente en Montevideo).


Contaba las cosas con mezcla de acento de allí y de aquí que llenaba de ternura, preciosidad de tono.

Contaba las cosas con tal ilusión que me contagiaba el entusiasmo.

Contaba las cosas con esa sabiduría que te daban ganas de conversar al instante.


Como yo traigo de fábrica también la curiosidad y me interesan todos los datos culturales que pueda absorber me enredé en una conversación sobre diferencias entre culturas, diferencias entre épocas, urbanismo, arte, política, arquitectura...


Había llegado a la tienda pronto porque salí del trabajo una hora antes de lo previsto pero gasté allí todo el tiempo que había ganado en la tarde, charlando y aprendiendo de una persona culta, elegante, educada... Habíamos coincidido alguna otra vez y se había acordado de mí como "la chica de las artesanías" ya que les mostré algunos peluches que tejo.

Me sorprendí pensando que si ese hombre fuese más joven y se manejase mejor con la tecnología nuestra charla podría haber seguido online y podríamos haber seguido la conversación otro día pero se me hacía tarde y tenía que irme ya (con mi simple fotocopia, que no iba yo a por otra cosa xD).


Y habiendo gastado toda una hora de mi tiempo aun me marché con buen sabor de boca y con ganas de que me siguieran contando historia de mi ciudad, de mi país... del mundo en general.


Es verdad lo que me dicen de que soy una empollona y lo seré toda la vida... ¡y a mucha honra!

Qué alegría tener mi charlatán personal y saber que cualquier otro día de visita a la papelería puedo aprender tantas cosas interesantes. :3

miércoles, 22 de abril de 2015

La lluvia y la rana

Es sabido que nunca llueve a gusto de todos pero, ¿qué pasa cuando las ranas se adaptan a la falta de lluvia?.


Conozco una rana de esas.


Al principio se resistía al cambio ya que desde antes de sentirla ya le encantaba la lluvia y la disfrutaba sin miedo a decirlo, lo gritaba a los cuatro vientos.

Según fue creciendo el clima que la rodeaba iba cambiando, se hacía más seco y templado. No le gustaba eso, quería que volviese la lluvia, la echaba tanto de menos...


Pero no volvía.


La paciencia se le acabó para dejar paso a la resignación, estaba aceptando que la sequía era la única forma de vivir y al mirar a su alrededor decía:


"No está tan mal, la calidez me hace sentir bien en cierto modo podría acostumbrarme a esto".


Tardó algún tiempo en convencerse incluso teniendo amistades que no paraban de alabar las virtudes de la falta de lluvia pero finalmente acabó recitando a diario:


"Qué genial es este clima seco, dan ganas de salir a pasear y disfrutar de este calor tan agradable".


No se daba cuenta de que lo suyo no era ese clima y cada vez lo pasaba peor con la sequedad del ambiente.

Le gustaba mucho pasar los días metida en tierra seca bajo el sol, sin darse cuenta de que le estaba pasando factura, estaba sufriendo las consecuencias.

Hasta que un mal mediodía, del peor mes, el calor terminó hiriéndole todo el cuerpo y se dio cuenta de que no podía seguir así, de que se había conformado con algo que le hacía daño.



Y allá va la temerosa rana, con una lección más aprendida.

Allá va buscando una charca o una nubecilla cargada que pueda darle un poco del agua de lluvia que tanto ansía.

Con un poco se conformará. Todo con tal de recordar y sentirse igual de bien que cuando la lluvia la empapaba.

Aunque se siente culpable por no seguir el ritmo a sus amigos. El sol también estaba bien pero en su justa medida, solo podía disfrutar plenamente del sol cuando alternaba los días con la lluvia. Por eso seguía su ruta sin fin buscando lo que necesitaba.


¿Quién puede culparla? Es su naturaleza.